¿Por qué se hace tan difícil aceptar el cambio? La natural prevención del cambio en las personas ha sido descrita como resistencia, negación, miedo o autoprotección. La realidad en las organizaciones y en nuestras vidas es que, a pesar de los mejores esfuerzos y las más sinceras intenciones, el cambio significativo raras veces ocurre.
Si ponemos atención a nuestra poderosa inclinación de no cambiar descubriremos dentro de nosotros mismos la fuerza de un sistema inmunológico escondido, un proceso dinámico a través del cual fabricamos de manera continua los anticuerpos del cambio. Si logramos penetrar este sistema, encontraremos energías que nos permitirán nuevas formas de ver y de ser. Este proceso es parte de nuestro crecimiento personal, del cual somos responsables en nuestra vida adulta.
Tres fuerzas operan en nuestro mundo cambiante. La primera, llamada entropía, es el proceso a través del cual sistemas dinámicos (personas, organizaciones y máquinas) gradualmente dejan de funcionar. El segundo, que ocurre al mismo tiempo, se llama negentropía y se refiere a que esos mismos sistemas pueden ser más complejos y ordenados. La capacidad de destrucción y desorden es una característica distintiva de los seres humanos, pero también lo es su capacidad de creación y evolución. Sin embargo, es una tercera fuerza la que opera mayormente en nuestras vidas: el proceso de equilibrio dinámico, el cual, como un sistema inmunológico, poderosa y misteriosamente mantiene las cosas como son. El equilibrio dinámico es un sistema de fuerzas en contraposición que mantiene el balance y produce nuestra inmunidad al cambio. El poder de este equilibrio es el mayor obstáculo a nuestras posibilidades de cambiar y de crecer.
Si intentas penetrar este sistema de equilibrio dinámico, descubrirás que lo operas tú mismo, a través de tus observaciones, tus interpretaciones y tus creencias. En los momentos de cambio usualmente observamos los obstáculos. En el fondo, el cambio se hace difícil porque tenemos miedo de lo que perdemos. Por mi parte, intento aprender que, si al final de la vida solo nos quedan nuestras memorias, entonces para realmente poseer algo, debemos perderlo. Visto así, los desequilibrios del cambio pudieran ser algo así como un desbalance positivo en la cuenta de la vida. La pregunta es: ¿estás dispuesto a perder…para ganar?
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 25 Abril 2009
sábado, 25 de abril de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
Aprecio Continuo
¿Quién es la persona que más admiras? Nunca he podido contestar. Admirar es “tener en singular estimación a alguien o algo, juzgándolo sobresaliente y extraordinario”. Palabras mayores. Pensaba que ese traje sólo le servía a personas perfectas o eternas, como Gandhi y la Madre Teresa.
Descubro la admiración como instrumento de comunicación organizacional en el libro How the way we talk can change the way we work. Sus autores nos ofrecen siete lenguajes transformacionales: los internos, orientados al logro personal, y los sociales, orientados a la coordinación de acciones con los demás. Le llaman lenguaje del aprecio continuo a la expresión regular de experimentar genuinamente el valor del comportamiento de un colega. Lo sugieren como una herramienta más efectiva que el lenguaje de los premios y reconocimientos calendarizados. El aprecio continuo tiene dos vertientes. Cuando expresamos aprecio, le dejamos saber a la otra persona que hemos recibido algo de valor. Sentimos que hemos recibido algo (no necesariamente material) que nos hace felices o nos da un beneficio. Cuando expresamos admiración, no se trata tanto del valor recibido, sino de habitar temporalmente en la esfera de otra persona y encontrarnos a nosotros mismos inspirados, y de alguna forma, mejorados por la acción o decisión del otro. Para ser efectivo, el aprecio continuo debe ser dicho a la persona directamente y especificar exactamente qué hizo para generar nuestro sentimiento. Además, la comunicación del aprecio no debe caracterizar los atributos del otro, sino referirse a la experiencia sentida. Cuando decimos “aprendí mucho de tu charla” informamos. Nadie respondería “¡Mentira!”. Si decimos “eres muy inteligente” formamos a la persona en nuestra mente, es decir, le ponemos un traje que puede que no le sirva o le quede, a su juicio, cómodo. Si rechaza nuestra valoración, porque no considera que es justa, nuestro aprecio no será tan efectivo. Por otro lado, la admiración atribuida a la persona se convierte en una expectativa. En lo adelante, esperaremos que la persona siempre demuestre ese atributo y esto nos puede llevar a la decepción.
Visto así, es fácil admirar la risa de los hijos, la comprensión del esposo, la aceptación de los amigos, la paciencia de los padres y la exigencia del jefe. Palabras menores. Personas imperfectas, no eternas…extraordinarias.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe.11 Abril 2009
Descubro la admiración como instrumento de comunicación organizacional en el libro How the way we talk can change the way we work. Sus autores nos ofrecen siete lenguajes transformacionales: los internos, orientados al logro personal, y los sociales, orientados a la coordinación de acciones con los demás. Le llaman lenguaje del aprecio continuo a la expresión regular de experimentar genuinamente el valor del comportamiento de un colega. Lo sugieren como una herramienta más efectiva que el lenguaje de los premios y reconocimientos calendarizados. El aprecio continuo tiene dos vertientes. Cuando expresamos aprecio, le dejamos saber a la otra persona que hemos recibido algo de valor. Sentimos que hemos recibido algo (no necesariamente material) que nos hace felices o nos da un beneficio. Cuando expresamos admiración, no se trata tanto del valor recibido, sino de habitar temporalmente en la esfera de otra persona y encontrarnos a nosotros mismos inspirados, y de alguna forma, mejorados por la acción o decisión del otro. Para ser efectivo, el aprecio continuo debe ser dicho a la persona directamente y especificar exactamente qué hizo para generar nuestro sentimiento. Además, la comunicación del aprecio no debe caracterizar los atributos del otro, sino referirse a la experiencia sentida. Cuando decimos “aprendí mucho de tu charla” informamos. Nadie respondería “¡Mentira!”. Si decimos “eres muy inteligente” formamos a la persona en nuestra mente, es decir, le ponemos un traje que puede que no le sirva o le quede, a su juicio, cómodo. Si rechaza nuestra valoración, porque no considera que es justa, nuestro aprecio no será tan efectivo. Por otro lado, la admiración atribuida a la persona se convierte en una expectativa. En lo adelante, esperaremos que la persona siempre demuestre ese atributo y esto nos puede llevar a la decepción.
Visto así, es fácil admirar la risa de los hijos, la comprensión del esposo, la aceptación de los amigos, la paciencia de los padres y la exigencia del jefe. Palabras menores. Personas imperfectas, no eternas…extraordinarias.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe.11 Abril 2009
sábado, 4 de abril de 2009
Autovaloración vs. Reconocimiento
Esta semana enfrenté el reto de influenciar a mi hija de doce años para que asistiera a una competencia intercolegial de ortografía. Había sido escogida por ser ganadora en años anteriores, pero ahora se negaba a participar. El ejercicio de persuasión se desplazó desde la valoración de sus habilidades hasta la advertencia sobre las consecuencias de no asistir. Al motivarla a través del significado del reconocimiento de los demás (de ella como campeona) me argumentó lo que, “de forma muy dura”, aprendió en su vida. Ser la mejor en la escuela te gana una etiqueta de nerda, o sea, nada cool. Pero, tal como le enseñé entonces, ella aprendió que lo importante no es lo que otros piensen de ella, sino lo que ella piense de sí misma. En este caso, y para los fines del “Spelling Bee”, ella plantea que sabe que es buena en ortografía, o sea que el reconocimiento de los demás no tiene valor, y por tanto tampoco lo tiene un trofeo. Esta afirmación la establece con la frase introductoria “no es por nada”, lo cual quiere decir que no está siendo presumida. De hecho, está siendo honesta. Apelé a su compromiso con el colegio y otros cuantos valores, pero lo cierto es que asistió sólo para evitar la consecuencia. La lógica de Isabella me dejó algo inquieta. Mi mensaje parecía algo confuso: no importa lo que la gente piense de ti si es malo, pero sí importa si es bueno.
Quizá sabemos en nuestro corazón que lo que hacemos está bien, pero es afianzador escucharlo en palabras (o leerlo en trofeos) de los demás. Y aunque su mundo adolescente gira hoy a su alrededor, el del futuro no será así. Creer que lo que hacemos y como lo hacemos está bien, o hace una diferencia, puede también motivarnos a hacerlo mejor. Más importante aún, escuchar que nuestro trabajo es valorado por otros puede confirmarnos que importamos como personas. Nos conecta con los demás.
Sin embargo, le guardo mi clase de liderazgo para más tarde, cuando tenga la tarea de motivar. Mientras tanto, le confirmo que sí es importante lo que piensa de sí misma, y que espero que sus palabras estén siempre tan bien intencionadas como deletreadas.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 4 Abril 2009
Quizá sabemos en nuestro corazón que lo que hacemos está bien, pero es afianzador escucharlo en palabras (o leerlo en trofeos) de los demás. Y aunque su mundo adolescente gira hoy a su alrededor, el del futuro no será así. Creer que lo que hacemos y como lo hacemos está bien, o hace una diferencia, puede también motivarnos a hacerlo mejor. Más importante aún, escuchar que nuestro trabajo es valorado por otros puede confirmarnos que importamos como personas. Nos conecta con los demás.
Sin embargo, le guardo mi clase de liderazgo para más tarde, cuando tenga la tarea de motivar. Mientras tanto, le confirmo que sí es importante lo que piensa de sí misma, y que espero que sus palabras estén siempre tan bien intencionadas como deletreadas.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 4 Abril 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
¿Los nuevos 30?
Con los 40 llegan algunas cuestiones y consignas. Ante la pregunta “¿Qué se siente?” y la consigna “los 40 son los nuevos 30”, admito mi duda.
Kegan, profesor de desarrollo adulto de Harvard, explica que crecer implica un desplazamiento de Sujeto a Objeto. El Sujeto es parte de lo que somos. El Objeto está separado y, por tanto, podemos cuestionarlo. Mientras más cosas tomamos como Objeto más compleja es nuestra visión porque tenemos más para reflexionar y asumir como responsabilidad. Eso es madurar. Sucede a través de las Ordenes de la Mente: formas de construir la realidad que van desde la manera mágica de un niño, el primer Orden, hasta la de una persona madura. Cada orden representa un nivel superior de complejidad de mente. En el segundo Orden habitan los adolescentes, que viven en un mundo que gira a su alrededor y todo lo importante es Sujeto. En el tercer Orden, donde habita más de la mitad de los adultos, se han internalizado sistemas de creencias (valores familiares, ideologías políticas y culturas organizacionales) y el ego se subordina ante estándares sociales. Es aquí donde ejercitamos la capacidad de reflexión sobre las acciones propias y las de los demás. Para esto conformamos la junta directiva de la cabeza y en cada decisión la consultamos. Esos “directores” que son nuestros valores y creencias alzan sus voces haciendo cada decisión más compleja. Es por esto que, muchas veces, en el mundo adulto no parecen existir respuestas sencillas. En el cuarto Orden el adulto crea una identidad que existe separada de los sistemas de creencia en que vive y puede examinarlos desde fuera, es decir, hacerlos Objeto. Es aquí donde nos convertimos en presidentes de la junta de directores y definimos valores propios con los cuales tomar decisiones. En el quinto Orden aprendemos, además, a comprender las limitaciones de nuestro autogobierno y a integrar los diferentes sistemas de creencias. Vemos menos en blanco y negro, apreciamos más los tonos de gris y estamos más dispuestos a descubrir lo que existe más allá de nosotros mismos. Se trata menos de mí y más de los otros.
Comprendo que los 40 son ciertamente más complejos; pero también son, paradójicamente, más livianos. Concluyo que, afortunadamente, no son los nuevos 30.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 28 Marzo 2009
Kegan, profesor de desarrollo adulto de Harvard, explica que crecer implica un desplazamiento de Sujeto a Objeto. El Sujeto es parte de lo que somos. El Objeto está separado y, por tanto, podemos cuestionarlo. Mientras más cosas tomamos como Objeto más compleja es nuestra visión porque tenemos más para reflexionar y asumir como responsabilidad. Eso es madurar. Sucede a través de las Ordenes de la Mente: formas de construir la realidad que van desde la manera mágica de un niño, el primer Orden, hasta la de una persona madura. Cada orden representa un nivel superior de complejidad de mente. En el segundo Orden habitan los adolescentes, que viven en un mundo que gira a su alrededor y todo lo importante es Sujeto. En el tercer Orden, donde habita más de la mitad de los adultos, se han internalizado sistemas de creencias (valores familiares, ideologías políticas y culturas organizacionales) y el ego se subordina ante estándares sociales. Es aquí donde ejercitamos la capacidad de reflexión sobre las acciones propias y las de los demás. Para esto conformamos la junta directiva de la cabeza y en cada decisión la consultamos. Esos “directores” que son nuestros valores y creencias alzan sus voces haciendo cada decisión más compleja. Es por esto que, muchas veces, en el mundo adulto no parecen existir respuestas sencillas. En el cuarto Orden el adulto crea una identidad que existe separada de los sistemas de creencia en que vive y puede examinarlos desde fuera, es decir, hacerlos Objeto. Es aquí donde nos convertimos en presidentes de la junta de directores y definimos valores propios con los cuales tomar decisiones. En el quinto Orden aprendemos, además, a comprender las limitaciones de nuestro autogobierno y a integrar los diferentes sistemas de creencias. Vemos menos en blanco y negro, apreciamos más los tonos de gris y estamos más dispuestos a descubrir lo que existe más allá de nosotros mismos. Se trata menos de mí y más de los otros.
Comprendo que los 40 son ciertamente más complejos; pero también son, paradójicamente, más livianos. Concluyo que, afortunadamente, no son los nuevos 30.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 28 Marzo 2009
sábado, 21 de marzo de 2009
Estilista de Vida
Lo que más captó mi atención de una columna que leí en una revista femenina fue el título del autor, quien también es Coach, y firmaba como “Estilista de Vida”. Esto me hizo recordar una historia que cuenta Jack Welch en su libro Jack. Straight from the Gut. “En el avión hacia mi entrevista de trabajo, viajaba al lado de un colega de la Universidad de Illinois cuando algo extraño sucedió. La azafata vino y dijo: Sr. Welch, ¿desea un trago? Luego miró a mi colega y dijo: Dr. Gaertner, ¿desea un trago? Pensé que Dr. Gaertner sonaba mejor que Sr. Welch. Sólo tenía que quedarme dos años más. Así que sin más previsión que esa, me quedé en la universidad y completé mi doctorado.”
Muchos de los títulos que poseemos en algún momento nos han sido dados por alguna institución, una empresa, una ocupación u otra persona. Así, somos Licenciados, Gerentes, Amas de Casa o Megadivas. Algunos títulos, como “Doctor”, nos dan prestigio y nos abren puertas. Otros, nos abren juicios en la mente de los demás. Los primeros son un espejo en el que nos vemos a nosotros mismos. Los otros son un espejo del otro en el que él nos refleja; sólo son su percepción.
Ninguno de los dos nos define. En esencia, todos nos llamamos seres humanos. Nuestro rol o puesto no es lo que somos, sino sólo lo que hacemos. Los grandes títulos no son lo más importante. Quizá los más remunerativos no son de hecho los que reflejan lo que hacemos, sino los que mejor nos suenan (como a Jack) al lado de nuestro nombre. Estos son los que mejor muestran lo que queremos ser.
En algún momento he sido Licenciada y Directora, pero también he sido (en palabras de mi hijo cuando era pequeño) “Dra. de los golpes chiquitos” y además, mujer mantenida. Ahora me suena bien eso de ser “Estilista de Vida”. Quizá porque he aprendido que el valor de una vida se mide menos en competencia y más en significado.
Desde la mirada del coaching ontológico, el ser humano tiene la capacidad de inventarse a sí mismo. Es decir, de alguna forma, todos podemos ser “Estilistas de Vida”. La nuestra.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 21 Marzo 2009
Muchos de los títulos que poseemos en algún momento nos han sido dados por alguna institución, una empresa, una ocupación u otra persona. Así, somos Licenciados, Gerentes, Amas de Casa o Megadivas. Algunos títulos, como “Doctor”, nos dan prestigio y nos abren puertas. Otros, nos abren juicios en la mente de los demás. Los primeros son un espejo en el que nos vemos a nosotros mismos. Los otros son un espejo del otro en el que él nos refleja; sólo son su percepción.
Ninguno de los dos nos define. En esencia, todos nos llamamos seres humanos. Nuestro rol o puesto no es lo que somos, sino sólo lo que hacemos. Los grandes títulos no son lo más importante. Quizá los más remunerativos no son de hecho los que reflejan lo que hacemos, sino los que mejor nos suenan (como a Jack) al lado de nuestro nombre. Estos son los que mejor muestran lo que queremos ser.
En algún momento he sido Licenciada y Directora, pero también he sido (en palabras de mi hijo cuando era pequeño) “Dra. de los golpes chiquitos” y además, mujer mantenida. Ahora me suena bien eso de ser “Estilista de Vida”. Quizá porque he aprendido que el valor de una vida se mide menos en competencia y más en significado.
Desde la mirada del coaching ontológico, el ser humano tiene la capacidad de inventarse a sí mismo. Es decir, de alguna forma, todos podemos ser “Estilistas de Vida”. La nuestra.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 21 Marzo 2009
sábado, 14 de marzo de 2009
Práctica Deliberada
Se ha planteado que las personas que nacen con un talento extraordinario son las que tienen mayor probabilidad de ser exitosas. En Recursos Humanos aplicamos esta creencia cuando deseamos contratar a Bill Gates. El problema es que los Gates son los menos. Desde la perspectiva de quien busca trabajo el problema es mayor si se piensa, con toda la razón, que no se puede nacer de nuevo con un talento deseado. En su libro “Talent is Overrated”, Geoff Colvin plantea una mirada distinta: si no nacimos Bill Gates, podemos ser Jack Welch.
Expone que la evidencia científica no apoya la noción de que talentos naturales particulares son la causa de un desempeño excelente y que ni el talento ni el trabajo duro hacen la diferencia en los exitosos. Las investigaciones revelan que la inteligencia tampoco es un prerrequisito para el alto desempeño. Esto no sólo es relevante en las organizaciones sino también en el plano personal. Entendemos a veces que debemos tener algunas capacidades innatas para tener éxito en nuestras relaciones con amigos, padres y conyugues. El coaching personal sucede justamente porque alguien siente que no está siendo exitoso en el rol que tiene y, por tanto, no es feliz.
El desempeño excelente, plantea Colvin, es el resultado de un esfuerzo muy específico al que llama práctica deliberada. Esta no es cualquier práctica, ya que no se trata simplemente de realizar la tarea muchas veces para ser bueno en ella. La práctica deliberada se caracteriza por algunos elementos: 1) es una actividad diseñada para mejorar el desempeño, 2) se ayuda de un maestro, 3) debe ser repetida muchas veces, 4) requiere retroalimentación continua, 5) es altamente demandante, y 6) no es tan divertida.
No se trata de si nací o no nací para ser gerente, esposo, ingeniero o cocinera. Se trata de qué tanto deseo serlo y de la dimensión del esfuerzo que estoy dispuesto a realizar. No podemos ser excelentes líderes o mejores padres como en piloto automático. La esencia de la práctica es constantemente tratar de hacer las cosas que no podemos hacer de manera fácil. Esa es la clave para ser el Tiger Woods en el campo de tu vida. La pregunta es: ¿Practicas deliberadamente para ser un mejor tú?
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 14 Marzo 2009
Expone que la evidencia científica no apoya la noción de que talentos naturales particulares son la causa de un desempeño excelente y que ni el talento ni el trabajo duro hacen la diferencia en los exitosos. Las investigaciones revelan que la inteligencia tampoco es un prerrequisito para el alto desempeño. Esto no sólo es relevante en las organizaciones sino también en el plano personal. Entendemos a veces que debemos tener algunas capacidades innatas para tener éxito en nuestras relaciones con amigos, padres y conyugues. El coaching personal sucede justamente porque alguien siente que no está siendo exitoso en el rol que tiene y, por tanto, no es feliz.
El desempeño excelente, plantea Colvin, es el resultado de un esfuerzo muy específico al que llama práctica deliberada. Esta no es cualquier práctica, ya que no se trata simplemente de realizar la tarea muchas veces para ser bueno en ella. La práctica deliberada se caracteriza por algunos elementos: 1) es una actividad diseñada para mejorar el desempeño, 2) se ayuda de un maestro, 3) debe ser repetida muchas veces, 4) requiere retroalimentación continua, 5) es altamente demandante, y 6) no es tan divertida.
No se trata de si nací o no nací para ser gerente, esposo, ingeniero o cocinera. Se trata de qué tanto deseo serlo y de la dimensión del esfuerzo que estoy dispuesto a realizar. No podemos ser excelentes líderes o mejores padres como en piloto automático. La esencia de la práctica es constantemente tratar de hacer las cosas que no podemos hacer de manera fácil. Esa es la clave para ser el Tiger Woods en el campo de tu vida. La pregunta es: ¿Practicas deliberadamente para ser un mejor tú?
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 14 Marzo 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
El costo de la razón
Hace unos días fui a recoger a mi hijo al colegio al final de la tarde. La salida del colegio es por una corta calle en la cual hay varios edificios de apartamentos. Los padres de hijos más grandes acostumbramos realizar una doble fila. Como ellos pueden cruzar, es más cómodo para nosotros, ya que no tenemos que hacer la larga fila que va paralela a la acera. Comprendo la práctica, fundamentada en nuestra necesidad de salir más rápido de allí y cumplir las responsabilidades y tareas de una complicada vida. Conozco muy bien la sensación de andar “juyendo” a toda hora, porque las 24 del día no parecen suficientes para las 25 de la vida. Pero justificamos esa vida, o porque no hay opción, o porque es lo correcto, o porque los beneficios materiales nos permiten alcanzar otras metas más importantes. En todo caso, parecería que tenemos algunos derechos por estar tan ocupados y ser unos padres muy responsables. Ir en vía contraria en la calle que nos convenga es uno de esos derechos. Ese día en particular hicimos lo de siempre. La diferencia fue que una vecina del colegio, que venía en la vía correcta, decidió permanecer en su lugar imposibilitando que la calle entera de padres al revés pudiéramos adelantar. El tapón duró media hora y resistió varias súplicas, diversos tonos y unos cuantos insultos. La señora no se movió y los padres tuvimos que dar reversa, uno a uno y uno más que otro bastante guapo. Ante el coro que mi hijo le hizo a la desaprobación de la señora, compartí con él la siguiente reflexión. Desde nuestro punto de vista, siempre tenemos la razón y nos gusta reafirmarlo. Lo hacemos con frecuencia en nuestras discusiones. Esto es así porque hemos invertido tanto en lo que sabemos que no queremos soltarlo…aún cuando no nos sirve para nada. Desde la mirada de coaching, no se trata de tener o no tener la razón, sino de para qué nos sirve sostenerla, y a qué costo. Ese día los padres perdimos media hora de la tarde. Por mi parte, gané al recordar que, a veces, es necesario dar dos pasos hacia atrás, y conceder, para salir adelante, y…crecer.
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 7 Marzo 2009
Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 7 Marzo 2009
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