domingo, 11 de septiembre de 2011

...todavía

Una distinción importante que comprendí como coach es la de los juicios y las afirmaciones. Un juicio es una creencia propia o sobre los demás y es diferente de una afirmación en que esta última puede ser comprobada. Un juicio es: soy tímida; una afirmación es mido 5 pies. Frecuentemente basamos nuestras opiniones más en juicios que en datos, especialmente las opiniones sobre nosotros mismos.

Por esto nunca podemos decir como las cosas realmente son; sólo podemos decir como nosotros las interpretamos. Cuando se trata de nosotros, lo que decimos ser es la interpretación que tenemos de nosotros mismos. En ocasiones ésta no es más que la repetición de un juicio que han hecho nuestros padres o alguien de mucha influencia. Estos juicios prestados se convierten en creencias propias de cómo y quiénes somos que no son necesariamente reales, y además, resultan ser limitantes. Por ejemplo, si pienso que soy tímida, pensaré que no podré hacer amigos fácilmente, por lo que no lo intentaré. Por otro lado, si, por su apariencia, juzgo a una persona como presumida, tampoco intentaré establecer una relación con ella. En ambos casos, se pierde la oportunidad de hacer una amistad.

Lo que pensamos de las personas no las define, nos define a nosotros mismos; es decir, es nuestro sistema de creencias, valores y auto-conceptos quien elige la manera en que apreciamos a los demás. Por ejemplo, si creo que la mujer debe trabajar, entonces me refiero a las que no lo hacen como “mujer florero” y hago un juicio de que es probablemente vacía, sin saber que tiene dos maestrías. Mi juicio no la describe, me describe a mí.

Cuando se trata de nosotros mismos, el juicio también puede ser incorrecto porque es prestado de alguien que nos importa, y puede ser incompleto porque no estamos, como personas, terminados. Visto así, las personas son mucho más de lo que parecen, y nosotros somos mucho más de lo que creemos. Por mi parte intento aprender a agregar la palabra todavía a mis juicios negativos. Así diría: no soy extrovertida…todavía. La pregunta es: ¿qué no eres…todavía?

Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do

Columna Ser Líder. El Caribe. 17 octubre 2009

sábado, 10 de octubre de 2009

La simpática Maril

Cuando era pequeña mi mamá se refería a mí, con gran ironía y cariño, como la simpática Maril. Como mujer de avanzadas creencias, fue siempre muy respetuosa y comprensiva de nuestras particulares formas de ser. Como mamá que quiere incondicionalmente a su hija, aceptó siempre que yo no era muy simpática. Su aceptación fue mi reforzamiento. Tanto que ni me enteré bien de que, de acuerdo a los estándares sociales, era “malo” ser así. Pero con mi reforzamiento materno a cuestas, le marché a mis metas sin pensar que tenía una debilidad. Luego descubrí que no ser simpática y tener el pelo largo era suicidio social. Algo así como la diferencia entre ser comparona y ser popular. Me fui enterando con sutilezas, cuando me hicieron saber en el trabajo que debía dar los buenos días. ¿Ah sí?
Por un tiempo me sufrí los avisos no tan sutiles y ponderé mucho el dilema de cambiar para complacer a los demás, ya que en mi configuración básica yo simplemente era como era y las personas debían aceptarlo. El problema es que no todo el mundo te quiere como tu mamá, y en una fiesta reciente surgió otra vez el comentario de mi falta de sociabilidad. Si me desahogo, me pregunto: ¿por qué puedo yo aceptar al sociable y él no me puede aceptar a mí? Claro, es más fácil.
Si me explico, entonces debo compartir lo que he aprendido. Según la forma en que la gente prefiere interactuar con el mundo y la forma en que reciben estímulo y energía, hay dos tipos de personas: introvertidos, como yo, y extrovertidos, como los que no me comprenden. El psicólogo Jung nos define así. Los introvertidos recibimos energía del mundo interior y las ideas, disfrutamos estar solos y somos reflexivos. Los extrovertidos reciben su energía de los lugares y las cosas y disfrutan estar con personas. Éstas, son tendencias dominantes, pero no limitantes, y no nos definen totalmente. Es decir, tenemos la capacidad de actuar de manera distinta. Crecer es justamente aprender a manejarse en las zonas fuera de preferencia. Yo confieso que he crecido tanto que doy hasta las buenas noches, pero admito que el reforzamiento fue fuerte. A los extrovertidos ahí afuera: los comprendo y los admiro.

Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 10 octubre 2009

sábado, 3 de octubre de 2009

Yo fluyo

Con frecuencia digo que fluyo. Al menos ahora. Antes, admito, iba menos ligera y mi capacidad para ver los obstáculos era mayor. Irónico, porque ahora peso más y veo menos (porque los años no pesan pero sí pasan). Digamos que ahora tengo una vida con más miradas, y lo cierto es que, aunque todavía a veces me atortojo, mayormente sí fluyo. Lo hago cuando disfruto lo que tengo en el momento, descubro menos peros en lo que no esperaba y más ganancias en lo posible que aún no conozco. Descubro que, porque fluyo, soy diferente y, en la diversidad, descubro nuevas formas de ser feliz, constantemente. Confucio, el filósofo chino, lo puso más lindo al decir: “Aquel que estaría en constante felicidad debe encontrar el cambio frecuentemente”.
Heráclito, por su parte planteó que “todo fluye, como en el constante flujo del río”, que no es tan simple como suena. Correctamente interpretada significa que aguas diferentes fluyen y el río permanece el mismo. Pero es que precisamente porque el agua fluye el río es río (y no lago). El mensaje es que los ríos permanecen igual porque las aguas cambian. El punto aquí no es que todo está cambiando, sino que el hecho de que algunas cosas cambian permite la continuidad de la existencia de otras. O sea, la permanencia de la vida implica que fluyamos en ella.
Desde una mirada más reciente, el psicológo M. Csikszentmihalyi plantea que las personas más felices llevan vidas vigorosas, están abiertas a una variedad de experiencias, se mantienen aprendiendo hasta que mueren y tienen fuertes lazos y compromisos con otras personas y con el ambiente donde viven. Disfrutan cualquier cosa que hacen, aún cuando es difícil, casi nunca se aburren y pueden manejar los imprevistos con facilidad. Su mayor fortaleza es que se sienten en control de su vida. Plantea que para alcanzar este estado es necesario fluir. ¿Cómo? Fluimos cuando enfocamos nuestra atención en la tarea o momento actuales y descubrimos en ellos nuestras intenciones, metas y valores. Se trata de encontrar el disfrute en lo más trivial o transformar lo cotidiano y convertirlo en disfrute. Fluir es involucrarse totalmente con los niños, el trabajo, los amigos, los cónyuges…la vida. ¿Tú fluyes?

Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.doColumna Ser Líder. El Caribe. 03 Octubre 2009

sábado, 19 de septiembre de 2009

Entretenimiento Portátil

En su “status” del blackberry, mi sobrino de 12 años ha escrito: “Aburrido”. Este espacio es una de las nuevas vías utilizadas para expresar sentimientos. Esto de hecho me parece un gran avance, ya que creo que identificar y compartir sentimientos es una forma de crecimiento personal. La paradoja aquí es que el aburrimiento no es un sentimiento que permite crecimiento. Esto parecía entenderlo un chofer que teníamos que le decía a mi hija que la palabra aburrido viene de burro. Aunque es fácil apreciar la normalidad en el aburrimiento de un niño, descubro que los adolescentes que no pueden estar consigo mismos sin entretenimiento externo carecen más tarde de la capacidad de llevar a cabo tareas adultas que requieren seria preparación mental.
Cuando nada demanda nuestra atención, el estado básico de la mente—que es desordenada por naturaleza—se revela. Sin nada que hacer, ella comienza a divagar, visitando pensamientos hasta que es atraída por un problema real o imaginario, rencores recientes o frustraciones viejas. Para salirnos de ahí porque no nos gusta, las personas buscamos distraernos con cualquier cosa, usualmente la televisión. En la pantalla, estamos protegidos del mundo interior que quisiéramos evitar. La tarea es aprender hábitos que nos permitan controlar mejor nuestros procesos mentales para que no anden sueltos por donde no deben. Para esto hay que hacer algunas cosas de las que les decimos a los niños que no hagan. La primera es soñar despierto, ya que ella crea orden emocional al compensar con imaginación las realidades desagradables. Además, les permite a los niños (y los adultos) ensayar situaciones imaginarias y sus posibles estrategias, opciones y consecuencias y estar mejor preparados cuando sucedan. La segunda es aprender “de botella”, pues esto implica poner un contenido automático en la mente que la hace más rica que una que no lo tiene. Es un error pensar que el aprendizaje de botella es malo para la creatividad. Una persona que recuerda historias, canciones, estadísticas de pelota, datos históricos y sabias citas es alguien que no depende del orden que ofrece el ambiente y puede entretenerse a sí misma y encontrar significado en el contenido de su mente. La pregunta es: ¿qué tan entretenida es tu mente?



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 19 Septiembre 2009

Locuras Heroicas

Hace unos días en Estados Unidos una adolescente de 14 años abordó un autobús escolar armada con una pistola y amenazó con disparar. Kaleb Eulls, un jugador de fútbol de 18 años, estaba dormido cuando una de sus hermanas menores lo despertó para decirle lo que ocurría. La joven apuntaba con su pistola de lado a lado hacia los niños en el autobús cuando Kaleb llamó su atención para que apuntara a él. Mientras le hablaba y trataba de calmarla, logró abrir la puerta de emergencia y sacar a algunos de los niños. Ella gritaba cada vez más alto y cuando por un momento se distrajo al mirar por la ventana, Kaleb le saltó encima, la tiró al suelo y le quitó la pistola. Al cuestionarle, Kaleb admitió haber tenido miedo por los niños y por sus hermanas en el autobús y reconoció que, luego de ver el video de lo ocurrido, describe lo que hizo como una locura. Otros le llamamos un acto heroico. ¿Qué hace que algunos, como Kaleb, tomen acción para salvar a otros, y otros, a veces, no tomemos acción ni para ayudarnos a nosotros mismos?
Según Julio Olalla, maestro coach, dos cosas: el miedo y la falta de auto-confianza, la cual es “un auto-juicio de incompetencia y un sentimiento de estar controlado por el miedo al fracaso”. Olalla explica que justamente la capacidad de actuar aún en presencia del miedo es coraje: el miedo es esencial para nuestra supervivencia, por lo que no se trata de eliminar nuestros miedos sino de actuar a pesar de sentirlos. Sin embargo, nos invita a ir más allá del coraje y descubrir la audacia, la cual significa “actuar en presencia del miedo, pero también algo más: implica iniciativa. Podemos tener coraje pero carecer de iniciativa, pero no podemos ser audaces sin iniciativa. Así, la esencia de la audacia es la capacidad de encontrarse con el riesgo”.
El miedo que muchas veces nos paraliza no sólo es normal, sino necesario. La tarea es atrevernos, descubrir nuestro valor, y actuar para que algo que queremos suceda. Quizás es necesario practicar un par de “locuras” antes de ser los héroes de nuestros propios sueños. La pregunta es: ¿Qué intentarías tú si fueras audaz?



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 12 Septiembre 2009

La vida no es frágil

Esta pasada semana mi esposo perdió a su hermano Miguel Ángel. Al recontar su historia nos pareció que había elegido vivir su vida sin crecer: fue niño hasta el final, aún cuando ya tenía un hijo, quien le dejó, para llevarse, uno de los carritos que tanto le gustaban. En su presencia, hicimos juicios de cómo vivía. En ocasiones llegaba tarde a la responsabilidad y pasaba mucho tiempo con sus amigos. En su partida lo vimos distinto; pensamos que no creció porque su vida sabía que se iría temprano, y que quizá fue lo mejor porque, a sus treinta y dos, vivió y disfrutó. Sin duda nos hace reflexionar de cómo vivimos la nuestra. Nos hace pensar en nuestras cargas de responsabilidad y en si deberíamos disfrutar más. Nos hace conscientes de que es posible vivir la vida sin experimentarla, y que si actuamos más como niños quizá podamos vivirla más plena. Algunos “vemos” la vida (la de los demás y la nuestra) sólo en esos momentos. Es entonces cuando escuché decir que la vida es frágil, y pensé lo mismo, hasta que descubrí esta otra mirada.
Ciertamente la vida puede cambiar abruptamente y terminar sin avisar, pero aprendo que hay una diferencia entre temporalidad y fragilidad. El instinto de vivir se manifiesta con el primer grito de un niño al nacer, y cada prueba de enfermedad, dolor o pérdida lo hace más fuerte. Aún cuando algunos no quieren, sobreviven. Quizá no podemos elegir vivir eternamente, pero sí podemos elegir experimentar la vida plenamente.
La manera en que enfrentamos las pérdidas define nuestra capacidad de estar presente en la vida más que cualquier otra cosa. La forma en que nos protegemos de las pérdidas puede ser la forma en que nos distanciamos de la vida. En nuestras naturales ataduras, nuestro miedo al cambio y nuestro deseo de certidumbre y permanencia, subvaloramos la temporalidad, la cual es parte de nuestra más fundamental identidad. Sin temporalidad, no hay evolución. La naturaleza de la vida es el cambio y toda esperanza se basa en algún proceso. La vida misma es un proceso y es todo menos frágil. En esos cortos momentos en que vemos la nuestra, el reto consiste en encontrar su fuerza y experimentarla intensamente.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 5 Septiembre 2009

sábado, 29 de agosto de 2009

Más Allá del Espejo

Vi Miss Universo. Admito que entretiene criticar los vestidos y reír con las entrevistas. La nuestra arrancó primero pero su bella sonrisa no la dejó contestar. Así que celebramos las “respuestas” de las cuatro siguientes: si todas están igual de “nerviosas” no hay desventaja. Se nos olvida que es un concurso de belleza, no de inteligencia. ¿Pero es que no escuchamos el cuento de Blanca Nieves todas esas veces? “Espejito, espejito, ¿quién es la más bella? Venezuela, ¡por supuesto!”. Nos creímos el cuento del pelo, las piernas, las caderas y todo lo de afuera…¿porque sigue siendo cierto? Los espejos de hoy son impresos y nos muestran a Angelina (Jolie, ¿qué más?), todos los niños cool o bellos y el príncipe Brad, por supuesto. ¿Y aún no comprenden por qué queremos ser bellas y reinar el universo?
Pues simple. Porque aprendimos a querernos a través del espejo y estuvimos tan ocupadas con Blanca Nieves que no tuvimos tiempo de leer a autoras como Rachel Remen. Ella escribe que la vida en nosotros es reducida más por los juicios que por las enfermedades; que es tan difícil encontrar alguien que nos ame tal como somos como encontrar a alguien que se ame a sí mismo entero. La aprobación que tanto buscamos es también un juicio, que aunque—por ser positivo—duele menos que la crítica, nos daña en formas más sutiles. Como todo juicio, la aprobación motiva un esfuerzo constante. Nos hace inseguros de quiénes somos y de nuestro valor real. Esto es cierto tanto de la aprobación que nos damos a nosotros mismos como de la que recibimos de los demás. La aprobación no es confiable porque nos la pueden quitar en un instante (como la corona de reina de belleza). Sin embargo, nos arreglamos y editamos para ser aprobados por aquellos a quienes amamos, porque no sabemos que aquello que ha sido arreglado es menos fuerte que lo que permanece entero, y porque no hemos comprendido que somos mucho más de lo que vemos en el espejo. Ser más raras veces implica agregarnos cosas, como títulos o coronas. Se trata más bien de liberarnos de las creencias acerca de quienes debemos ser para descubrir quienes genuinamente somos. Y querernos enteros.


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 29 Agosto 2009

sábado, 22 de agosto de 2009

El Plan No Plan

Soy de esas personas que necesitan retos, planes para alcanzarlos y estructuras para ejecutarlos. Estructuro hasta los mismos planes: personales/profesionales; categorizo los pendientes: casa/calle; y asigno días específicos para tareas rutinarias. Esta necesidad de organización tiene muchas ventajas que pude comprobar durante mis años de formación académica y de labor corporativa. Nos permite ser muy eficientes, completar a tiempo las tareas y cumplir las metas. Sin embargo, la parte de mí que recientemente aprendió a vivir fuera de la academia y de la empresa puede dar testimonio de su desventaja. Con una vida tan planificada, y cada hora estructurada, no nos queda tiempo para disfrutar algunos inesperados momentos. Los imprevistos nos descuadran y quedamos enojados y disfuncionales ante lo no planificado, que usualmente resulta ser lo más memorable y lo que más disfrutamos. Pensamos que las fiestas de cumpleaños no avisadas no nos permiten comprar a tiempo el regalo y refunfuñamos.
Estas acciones corresponden a la manera en que las personas orientan su vida y hay dos tendencias opuestas. Los de la estructura, como yo, y los de la espontaneidad, como mi esposo (porque Dios sabe lo que hace). Los primeros creamos sistemas para mantener en orden nuestro alrededor, (como tener una lista del supermercado por pasillo). A los otros les gusta explorar lo desconocido y prefieren no planificar y mantener sus opciones abiertas.
Por convivencia he aprendido que la vida necesita algunas horas fuera de la agenda y que vale la pena permitirse una que otra sorpresa. Ahora sé que es posible hacer el BBQ aunque se haya ido el sol, comer sancocho con calor e ir, ahora, al Salto del Limón. Que si es lluvia, sólo moja (y ya estamos en la playa comoquiera), que si se pincha la goma se rellena, y si el avión nos deja dormimos otra noche fuera…y sumamos memorias a la agenda de la vida, que no trae diseño de Franklin Covey, no tiene portada, ni viene encuadernada.
Aún tengo metas, y también estructuro los pendientes, pero si me cambian los planes no descuadro sino más bien fluyo. Visto de otra manera, tengo un nuevo plan: de vez en vez y de cuando en cuando el plan es no tener plan. Y disfrutar.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 22 Agosto 2009

sábado, 15 de agosto de 2009

Trucos de la Imaginación

Recientemente estuve en Chicago. Había ido hace más de 20 años y no recordaba absolutamente nada de la ciudad excepto la famosa pintura post-impresionista de Seurat. Me extrañó sólo recordar lo más difuso que vi, pero lo atribuí a mi mala memoria, que hoy descubro que en efecto es mala, igual que la tuya.
Esto es lo que aprendí de D. Gilbert sobre los trucos de la imaginación y la felicidad. Las memorias de nuestras experiencias no son confiables, por lo que nuestro recuerdo de las cosas pasadas es imperfecto. Nuestro cerebro es un “hardware” con espacio limitado y como no podemos guardar todo lo vivido, comprimimos los archivos en una frase resumen, como: “fui infeliz en mi matrimonio”. Cuando le pedimos recordar, el cerebro re-escribe la historia con lo que guardó: las experiencias más malas y las más buenas y las escenas finales, pero no las experiencias más usuales, que, por corrientes, dejó fuera.
Cuando enfrentamos la toma de una decisión importante, nuestro cerebro imagina los diferentes escenarios futuros y trata de concluir cuál de éstos nos hará más felices. Pero enfrenta el mismo problema que cuando recuerda: no tiene todos los detalles. Así que completa los espacios en blanco con los recuerdos más malos, los más buenos y las escenas finales, pero no los más usuales, que son los más probables. A esto le agrega los sentimientos del presente. Así que recordamos cosas que no sucedieron e imaginamos futuros que no sucederán. Cuando de nuestras emociones se trata, es más difícil aún recuperar el registro de cómo nos sentimos con una experiencia pasada. Esto nos lleva erróneamente a pensar que lo que nos hizo felices en el pasado nos hará felices en el futuro.
Si la memoria no es una colección de fotografías, sino una colección de pinturas impresionistas, cada uno es el artista de su propia imaginación, con amplia libertad para representar su futuro. El problema es que desde la cercanía del presente no podemos interpretar correctamente la imagen. Sólo en la distancia del tiempo sabremos si nos gusta el cuadro total. En otras palabras, lo que piensas que te hará feliz mañana sólo es una interpretación actual, difusa e incompleta de la realidad.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 8 Agosto 2009

Como dice Glenys

Mi hermana Angie siempre se ha burlado de mi incansable lectura de libros de texto. Confieso que hace poco comprendí que me faltaba mucho por aprender de otras fuentes que no fueran los libros. Así que entre texto y texto (lo confieso) ahora también aprendo de la gente. De los libros he aprendido mucho sobre psicología positiva; de mi amiga Glenys, una persona real muy especial, aprendo cada día a hablar en positivo y actuar en consecuencia. Algo así como psicología positiva aplatanada.
Cada mañana su saludo es “Alevántense”. Es un llamado a iniciar con energía y a movernos rápidamente a la primera acción del día. Si un día se siente enferma y decide compartirlo ofrece breves detalles de los síntomas y cierra el tema con “estamos dando los pasos”. Para mejorarse, quiere decir. Si ha de enfrentar un reto en el trabajo que implica una prueba a sus capacidades o el juicio de algún superior, antes de las ocho escucho: “me declaro vencedora”. Y si durante su enfrentamiento la cosa arrecia, me envía un mensaje de texto, me actualiza y luego ella misma finaliza: “!Valor!”
Cuando se trata de otros es comprensiva pero también exigente. Si no comprende la primera vez (o se hace) te dirá: “Please elaborate”, o “Pero…¿cómo así? Cuando sí comprende, pero el cuento triste de una víctima y su continuo pesimismo la agobian, entonces recurre a los dichos de su abuela, como: “el que no puede estar vivo que se mate”, es decir, ya tienes tu vida; asumirla requiere menos esfuerzo que lamentarla.
Obviamente es juiciosa, porque es una persona real. Así que de vez en cuando opina sobre alguna falta de acción o pobre aporte a la solución de uno que otro hijo de Dios. Sólo que cierra con: “Bendícelo, Señor”. Si se trata de una buena acción, escucharemos: “Amén”.
Tengo la dicha de escucharla con frecuencia y he podido incorporar su filosofía a mi vida. A través de su amistad he aprendido a levantarme con energía, a dar los pasos para mejorar, y –con valor—declararme vencedora antes de iniciar la tarea de cada día. A Glenys le agradezco sus lecciones de vida positiva, y a Dios genuinamente le pido: “Bendícela Señor”.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 15 Agosto 2009

sábado, 1 de agosto de 2009

Un Elevado Enojo

Tuve la desdicha de experimentar un tapón en la Luperón provocado por sus legendarios charcos y nuevos desvíos establecidos para que podamos convertirnos en un país más elevado. No me niego a las obras de progreso, pero esto es lo que observo: conductores desesperados, carros quedados en el charco, ambulancias que no pueden transitar, siete filas intentando convertirse en dos y un hombre cayéndole a machetazos al carro de otro. Y todos conducimos alegremente hacia el progreso a través de unos malditos semáforos frizados en amarillo que pestañan con el plan de confundirnos. Ah, ¡verdad!, es que no podemos producir la luz, pero sí podemos pagar la nómina de las siete instituciones que des-regulan los semáforos porque no se ponen de acuerdo. Mi trayecto de 45 minutos me tomó dos horas y me regaló una visita el sentimiento del enojo. Como de elevación no creo que saque ninguna lección de esta bella demostración, decido aprender del enojo.
Nos enojamos en varios grados de intensidad, pero siempre la causa es una frustración. Ok, ¡estoy frustrada con el tránsito en este país!
La función esencial del enojo es darme más energía para enfrentar el obstáculo que produce mi frustración. Ok, a falta de machete…!tengo energía!
Hay dos tipos de enojo: el que destruye y el que resuelve. Ya veo…el machete no resuelve, ese es el enojo malo. El bueno es el que construye. Ya…con la energía. La dirijo hacia el obstáculo que me frustra. A-ja. Este enojo bueno hasta tiene dos pilares: expresar lo que siento ante lo que sucedió y demandar la respuesta que me “desenojará”. Pues aquí voy: estoy jarta de los tapones, los apagones, los charcos y las instituciones inservibles; ¡demando una respuesta que me desenoje! Perdón, pero es que aprendí que si se me acumula entonces el enojo es explosivo.
Entonces, si el enojo es una forma de energía—un contenedor a través del cual la energía de una persona fluye en un momento dado—cuando lo suelto me queda la energía misma, que es la fuerza de la vida. (En chino enojo significa “incrementar la fuerza de la vida”). A ver si entiendo el plan nacional: ¿lo que no nos eleva nos hace más fuertes?




Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 25 Julio 2009

Ilusión de Control

El autor Daniel Gilbert plantea que nuestros cerebros son los únicos capaces de imaginar el futuro. Pensamos en el futuro aproximadamente tres horas del día. Primero porque pensamos que anticipar los eventos puede minimizar su impacto; segundo, porque el miedo, la preocupación y la ansiedad tienen un rol en nuestras vidas: nuestro cerebro imagina futuros oscuros para cogerle miedo y que nuestro cuerpo no los persiga.
Lo cierto es que deseamos hacer predicciones para poder controlar. Controlarlo todo nos permite ser altos directivos de nuestro presente y grandes ejecutivos de nuestro futuro. Pero, ¿por qué no dejar que el futuro se revele y experimentarlo como tal?, ¿por qué no estar aquí ahora y allá después? Primero porque nos gusta ejercitar el control: administrar agendas, mandar personas y hacer que las cosas sucedan. Las investigaciones revelan que las personas venimos y salimos del mundo con la misma pasión para controlar, y cuando perdemos esta posibilidad somos infelices. Ganar control tiene un impacto positivo en nuestra salud mental y perderlo después de tenerlo puede ser peor que nunca haberlo tenido. Nuestro deseo de control es tan poderoso y el sentimiento de estar en control tan gratificante que algunas personas actúan como que pueden controlar lo incontrolable…como si ganar la lotería fuera más probable si nosotros escogemos los números. Sin embargo, ilusión o realidad, deseamos controlar el destino de nuestro barco porque algunos futuros son mejores que otros y aún desde la distancia del presente creemos que podemos distinguirlos. Pero lo cierto es que muchas de nuestras horas en el timón son en vano—no porque el bote no responde y no porque seamos incapaces de encontrar nuestro destino—sino porque resulta que el futuro es fundamentalmente diferente de como aparece en el futuroscopio.
El futuro no tiene control remoto y esta ilusión que nos hace felices es en realidad un sentimiento de temor. Visto así, quizá la libertad sea una posición más sólida que el control. Es ciertamente más fuerte y más sabia que el miedo. La paradoja es que mientras menos apegados estamos a la vida, más vivos sentimos estar. Mientras menos control del futuro deseamos tener, más profundamente podemos experimentar y participar en la vida, ahora.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 1 Agosto 2009

sábado, 18 de julio de 2009

Liviandad

Algunos tenemos la tarea pendiente de aprender sobre la liviandad. A ella me la presentaron hace unos años, pero confieso que no me la encuentro con la frecuencia que quisiera. Esto sucede cuando hacemos que todo sea supremamente significativo. Es sostener cada pequeña parte de nuestro pasado y nuestra historia con una gran cantidad de drama, pesadumbre y significado. Es la creencia de que a nadie le ha sucedido lo que me ha pasado a mí, y la vivencia de esa historia con gran histrionismo. La forma en que sostenemos nuestras experiencias, mediante el cuento trágico que siempre nos contamos, tiene mucho que ver con nuestra incapacidad de crear el espacio emocional que le dé cabida a algo nuevo. Los seres humanos tenemos la capacidad de intervenir en nuestros estados de ánimo; en este caso, para mudarnos desde la seriedad a la liviandad. Con este conocimiento me he planteado entonces: Y ella, ¿dónde vive? Descubro que está en mis conversaciones, en las palabras que elijo para interpretar lo que me ha sucedido y en los juicios que tengo de mí misma como protagonista de mis historias. Cuando mi historia es triste o trágica, soy una protagonista pesada por tener unas libras de drama de más. (Dicen que “quien canta sus penas espanta”). Cuando recuento los eventos cual Cuquín, soy una figura simpática y ligera. Descubro también que la liviandad está en el cuerpo, de manera innata, a través del sentido del humor, el cual provoca placer, cohesión y salud mental y física. Aprendo que el origen de la palabra diversión es el latín divertere, que significa desvío. Visto así, parecería que es necesario salirnos de nuestro rol en el drama de la vida y ensayar una que otra comedia en la esquina divertida. ¿A-ja? Eso pensé. Porque….¿graciosa? ¡Qué va! Pero dijo Lucille Ball que ella no era graciosa, sino valiente. Así que, es sólo cuestión de atreverse. Sabias palabras de un gran coach: “La vida es demasiado hermosa para perderla en un drama”. De otras prestadas concluyo: cuidado con vivirnos la vida en un gran escenario dramático; luego puede ser que no tengamos “a quien reclamarle el dinero de la entrada si no nos gusta el espectáculo”.



Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 18 Julio 2009

¿Bailas?

El coaching ontológico, que es un acompañamiento a las personas en su forma de ser, propone que los seres humanos actuamos desde una coherencia esencial que surge de la integración de nuestro lenguaje, nuestras emociones y nuestro cuerpo. En el lenguaje vivimos. Más que describir con palabras, las personas generamos acciones a través de nuestras diferentes forma de comunicarnos. Estas incluyen nuestro pensamiento, en el que suceden las conversaciones más importantes: las que tenemos con nosotros mismos. Por otro lado, las emociones definen más nuestras decisiones que nuestros pensamientos racionales. El amor y el miedo, sobre todo, mueven el mundo. Desde el cuerpo operamos. Es algo así como el “hardware” que aloja nuestras capacidades. La primera en importancia para el coaching ontológico es nuestra capacidad de observar. Se plantea que lo que decidimos observar y lo que elegimos ignorar es único en cada uno de nosotros. Así sea porque somos más chiquitos, más leídos, o menos queridos, nuestra mirada es determinante en nuestras acciones y resultados posteriores. Tenemos la capacidad de elegir ver las posibilidades de fracaso o las potencialidades de éxito…y así mismo obtenerlo. Nuestra emocionalidad, por su parte, es un termómetro de lo importante y de lo que valoramos, por eso también es necesario ejercitar—para poder observar—diferentes sentimientos. El cuerpo es el espacio en el que alojamos todo lo anterior, y a nosotros mismos. Cuando lo olvidamos o maltratamos, perdemos salud, y por tanto, balance. Con él nos movemos constantemente hacia y desde la acción. Hacia el logro, la celebración y la quietud. Es el cuerpo el que nos sirve para mantener el equilibrio dinámico que nos permite fluir. La mejor práctica para acostumbrar al cuerpo a vivir en las mismas dimensiones que nuestro lenguaje y nuestras emociones es el baile. Estas líneas de la película “Perfume de Mujer” ayudan a “verlo” mejor. Al Pacino (Frank) es ciego y se dirige a una joven en un restaurante. Dicen: “¿Baila el tango? No. Quise aprender pero (mi novio) piensa que el tango es cómico. ¿Quiere aprender el tango? Creo que tendría miedo de equivocarme. No hay errores en el tango…si uno se equivoca o se enreda, sigue bailando. ¿Por qué no prueba? Trataré.” Y tú, ¿bailas?


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 11 Julio 2009

domingo, 5 de julio de 2009

La Galleta

Hace unos años no tenía tiempo para leer historias. Sólo muchos libros de texto. Por eso ahora comprendo ésta que, por simple y poderosa, tomo prestada para compartir.
Otro de mis pacientes, un exitoso hombre de negocios, me cuenta que antes de su cáncer se deprimía si las cosas no salían de determinada manera. Felicidad era “tener la galleta.” Si tenías la galleta, las cosas estaban bien. Si no tenías la galleta, la vida no valía la pena. Desafortunadamente la galleta cambiaba continuamente. A veces era dinero, a veces era poder, a veces era sexo. En otras ocasiones era el carro nuevo, el contrato más grande o la dirección más prestigiosa. Un año y medio después de su diagnóstico de cáncer de próstata él se sienta y dice con pesar: “Es como si hubiese dejado de aprender cómo vivir después que dejé de ser niño. Cuando le doy una galleta a mi hijo, él es feliz. Si se la quito o se rompe, él es infeliz. Pero él tiene dos años y medio y yo tengo 43. Me ha tomado todo este tiempo comprender que la galleta no me hará feliz por mucho tiempo. Desde que tienes la galleta, empieza a hacerse pedazos o tú empiezas a pensar que se va a desboronar o que alguien te la va a quitar. Tienes que abandonar muchas cosas para cuidar la galleta, para que no se haga pedazos y para que nadie te la quite. Quizás ni siquiera tengas el chance de comerla porque estás muy ocupado tratando de no perderla. La vida no se trata de tener la galleta”.
Mi paciente ríe y dice que el cáncer lo ha cambiado. Por primera vez es feliz, sin importar si el negocio va bien o pierde en el golf. “Dos años atrás el cáncer me preguntó: ¿Qué es importante? Pues la vida es importante. La vida, en la forma en que puedas tenerla. La vida con la galleta o sin la galleta. La felicidad no tiene que ver con la galleta. Tiene que ver con estar vivo. Antes de ésto, ¡no tenía tiempo!” El pausa pensativamente. “Maldita sea, supongo que la vida es la galleta”. Como decía mi papá: ¡Buen Provecho!


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 4 Julio 2009

sábado, 27 de junio de 2009

¿Por qué no un 1?

Las personas y las empresas evalúan continuamente qué les falta hacer para alcanzar una meta. Así han surgido varios métodos de análisis de problemas. El Ishikawa, que busca profundizar las causas raíces de los problemas para identificar aquellas pocas que ocasionan la mayor parte del problema. El pensamiento sistémico examina el sistema y mapea cómo las interacciones de los componentes producen los resultados observados. El método de sistemas emergentes plantea que las interacciones en un sistema son tan complejas que es imposible predecir el resultado, por lo que el futuro del sistema “emerge” de las interacciones, tal como sucede con las personas en las organizaciones. El problema con estos sistemas para solucionar un problema y alcanzar las metas deseadas es la complejidad que representan para su uso práctico. Aprendí recientemente sobre el Enfoque en las Soluciones, una forma de sintetizar y construir sobre los anteriores métodos desarrollando formas de trabajar que buscan identificar y amplificar las interacciones efectivas dentro de determinados contextos. El Enfoque en las Soluciones es un poderoso y práctico método para el cambio positivo en las personas, los equipos y las organizaciones. Plantea que buscar incesantemente los problemas nos hace expertos en el problema. Sin embargo, si buscamos lo que ha estado sucediendo que sí funciona y observamos el impacto positivo que genera, podemos elegir hacer más de eso. Admito que parece tan obvio o simple que no me sorprendería un “daaaah”, sin embargo me bastó un ejemplo real para aceptarlo. Una pareja se plantea la pregunta: ¿Cómo valorarías lo satisfecha que estás con nuestra relación en estos momentos? La mujer contestó: Más o menos un 6. El hombre dijo: ¡Vaya, sacamos un 6! Y luego añadió, ¿y qué es lo que hacemos para merecer un 6 y no un 1? La mujer encontró una lista de razones por las cuales la relación sí funcionaba. Se propusieron hacer más de esas cosas y la relación mejoró. Estamos a veces tan enfocados en encontrar lo que no funciona que alcanzamos un doctorado y disertamos sobre los problemas constantemente. Al final del día, estamos cansados y no encontramos luz para una nueva mirada. Para variar, te invito a intentarlo: Tu vida del 1 al 10, ¿por qué no es un 1?

Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 27 Junio 2009

jueves, 25 de junio de 2009

Cambiar o no cambiar

Uno de los dilemas planteados en coaching es el de la necesidad e incapacidad de cambiarnos a nosotros mismos. El planteamiento es, de entrada, un dilema en sí mismo. Con relación al cambio escuchamos, por un lado, que es lo único constante y, por tanto, si no cambiamos no crecemos. Por otro lado, escuchamos que como vinimos de fábrica estamos bien. Y así, gorditos, impacientes, inseguros e imperfectos debemos aceptarnos y querernos. Pero eso no es tan sencillo y lo cierto es que muchos nos hemos propuesto alguna vez cambiar algo de quienes somos, y muchos hemos fracasado en ese intento una y otra vez. Propongo abordar esto por partes, como Jack. Como obra del Creador vinimos enteros y, como seres humanos completos de nacimiento, somos un regalo de vida. Pero aprendemos luego que el regalo que somos no es suficiente para algún otro y, por tanto, para nosotros mismos. Sin embargo, lo cierto es que nuestra integridad no implica que somos de una forma definida y terminada. Como lo veo, lo que sí implica es coherencia, es decir, en esencia somos de una manera. Tal como lo planteó el reconocido psicólogo Jung, nuestras tendencias básicas permanecen siendo las mismas, sin embargo, lo que hacemos, y cómo lo hacemos podemos modificarlo. O actuamos como nos sale, “porque Dios nos hizo así”, o aprendemos diferentes formas de actuar que nos resulten más útiles para lo que queremos lograr. Esta es la perspectiva del cambio propuesta por el autor futurista Naisbitt. Plantea que si bien es cierto que la humanidad ha evolucionado, en esencia los seres humanos seguimos haciendo lo mismo: estudiamos, trabajamos, nos casamos, tenemos hijos. En el plano del cambio personal quizá resulte abrumador y desalentador proponernos la gran tarea de cambiarnos. Si, por el contrario, aplicamos el método Jack y lo miramos por partes nos podemos plantear simplemente aprender a hacer nuevas cosas o viejas de forma diferente y ser mejores en un dominio de la vida a la vez y con un propósito particular y propio para cada acción. Hablar menos para comprender mejor la amistad, tolerar más para ser mejor mamá, hacer ejercicio para fluir más, escuchar para liderar mejor…desde nuestra misma coherencia esencial, la que trajimos buena.


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 20 Junio 2009

sábado, 13 de junio de 2009

Tomar una decisión

Parecería que tomar decisiones es una tarea fácil ya que en nuestra vida real practicamos casi a diario, sin embargo, para muchos, líderes y no líderes, tomar una decisión es un reto. Esto es lo que aprendí del conocido autor Jim Collins y lo que revelan sus investigaciones de más de catorce años.
1. Las grandes decisiones vienen de decir “Yo no sé”. Es más sabio reconocer ignorancia, ya que sólo así es posible descubrir posibilidades.
2. Mientras más grande es el alcance de la pregunta, mejor. Es fácil detectar las respuestas incorrectas. Se requiere una mente creativa para detectar las preguntas incorrectas. Cambia continuamente tus preguntas.
3. La decisión no es un consenso. El debate puede ser intenso, pero al final la decisión es tuya. Ninguna de las grandes decisiones estudiadas fue tomada en un momento de acuerdo unánime.
4. Las grandes decisiones vienen de la consciencia externa. La decisión es tuya pero sucede afuera de ti y tiene impacto en el ambiente o en los demás.
5. Aún las grandes decisiones solo determinan una fracción del resultado. Las grandes decisiones no valen 60 de 100 puntos en el resultado, sino más bien 6 de 100, o incluso 0.6 de 100.
6. Piensa en el largo plazo. Los grandes líderes dirigen para el próximo cuarto de siglo, no para el próximo cuarto de año.
7. Puedes cometer errores—incluso grandes—y aún así tener éxito.
De mi vida real aprendí también que no es tan fácil como luce en la página, porque las cosas y la gente real son un poco más complejas. Es por esto que a veces simplemente hay que actuar y luego preguntar. Mi antiguo jefe don Augusto decía: “dispara, y luego apunta”. Primero, porque no hay un libro de respuestas correctas, segundo, porque el tiempo es ahora, y tercero, porque la vida se gana con números, y cada pérdida te acerca más a la ganancia.
De mi racional mamá aprendí también que, a veces, no tomar una decisión es una decisión. Visto esto desde mi mirada como coach, a veces, nuestras decisiones no determinan toda nuestra vida, porque ella tiene una inexplicable forma de cuidarse a sí misma.


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 13 Junio 2009

sábado, 6 de junio de 2009

Creer para Ver

Esta semana me sometí a una cirugía de los ojos para ver sin tener que usar los espejuelos que me acompañan desde que tenía seis años. Quien no ha usado lentes pensaría, vanidad. Quien sabe lo que implica necesitarlos, diría: ¡libertad! Dos personas, dos paradigmas distintos. Los paradigmas los creamos en la primera etapa de la vida cuando incorporamos ideas, creencias y pensamientos de nuestros padres y maestros y los hacemos propios. Muchas veces no llegamos a validar si estos paradigmas realmente nos pertenecen. Simplemente los llevamos instalados sin saber cómo, cual barra de Google. Con el tiempo, estos paradigmas prestados se convierten en nuestro buscador propio, y filtran todo aquello que observamos (cual buscador de Google) para permitirnos ver sólo aquello que “machea” nuestra creencia inicial. Las diferencias entre creencias explican por qué dos personas pueden observar el mismo acontecimiento y describirlo de maneras distintas, es decir, prestar atención a diferentes detalles. En sabias palabras prestadas: “Nosotros no vemos las cosas como son. Las vemos como somos”.
Desde la mirada de coaching, lo que creemos sobre los demás, y sobre nosotros mismos, es lo que vemos, y aunque no es necesariamente la verdad, es muy poderoso. Nuestras creencias determinan la forma en que nos celebramos o nos sufrimos a nosotros mismos y nuestra vida. Cuando nos ponemos la creencia en frente de nuestros ojos y miramos a través de ella es difícil convencernos a nosotros mismos de que lo que vemos no es real. Pero resulta que nuestras creencias son usualmente incorrectas ó incompletas, porque sólo son la forma en que nosotros vemos las cosas, nuestro punto de vista o de referencia. Son las imágenes, supuestos e historias que llevamos en la mente acerca como deben actuar los demás, lo que debemos hacer y quienes debemos ser. Cuando son incorrectas, crean limitaciones. Como un par de espejuelos que ya no nos sirve para ver bien, la costumbre hace invisibles a las creencias y entonces vemos a través de ellas pero no a ellas…hasta que decidimos observarlas.
A veces es necesario dudar nuestras creencias o asumir nuevas que nos sirvan mejor en nuestra vida real. Es tan fácil y liberador como cambiar o dejar de usar los espejuelos.


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 6 Junio 2009

sábado, 30 de mayo de 2009

Ser Mujer

Cuando tienes un hijo preadolescente, cada semana te trae una, o más bien varias quejas sobre las injusticias de la vida. La de esta semana me pareció casi existencial. A los doce años, mi hija entiende que el hombre tiene más poder que la mujer para hacer lo que quiere y que esto es, por supuesto, injusto. Recuerdo haber tenido ese conflicto en algún momento, o más bien varios. Crecí escuchando un discurso de igualdad. Luego, crecí…y aprendí. Ya sea porque Eva se portó mal o porque el Creador entendió necesario balancear el universo, ciertamente no somos iguales. Lo que hoy sé es no me sirve de mucho comprender por qué, sino aceptar para qué.
El pre-requisito de ese aprendizaje es saber que ser mujer no es justo o injusto, malo o bueno, sino que sólo es. Es decir, es un hecho que no puedo cambiar. Como tal, sólo me permite dos reacciones: lo acepto o no lo acepto. Si no acepto un hecho que no puedo cambiar, sentiré resentimiento, y no hago nada con eso. Si acepto un hecho que no puedo cambiar, sentiré paz, y podría ser feliz con eso. Por otro lado, cuando las circunstancias no son un hecho, sino una posibilidad, tengo también dos opciones. Si no acepto algo que es posible, viviré en la resignación. Si acepto algo que es posible, tendré ambición, y mucho qué hacer con eso.
A mi Isabella le digo lo siguiente. Ser mujer no es una elección, pero tampoco tiene que ser una limitación. Te aseguro que enfrentarás obstáculos por ser mujer, y sabrás que existe desigualdad en derechos. Pero sí es tu elección crear de ese hecho las oportunidades. Podrás sanar como doctora, como has predicho, podrás amar como esposa y acompañar como amiga y, si lo deseas, podrás defender otras mujeres como mujer. Podrás liderar la creación de un mundo más justo en el que las mujeres no sean víctimas de abusos, violaciones ni lapidaciones y no sean tiradas a la basura por haber nacido mujer.
Podrás, quizá, descubrir que si tuvieras la oportunidad de decidirlo, serías mujer. Porque sólo así podrías ser mamá y descubrir un perfecto para qué. Como el que yo encontré en ti.


Maril Núñez es Coach Personal & Profesional. maril.nunez@invenio.com.do
Columna Ser Líder. El Caribe. 30 Mayo 2009